Son muchos
los que creen que este plato procede de Italia, debido
a que su nombre parece evocar las ciudades de Milán y
Nápoles. Pero no. La famosa milanesa a la napolitana,
hija del azar, es tan Argentina como alambre de púa,
la lapicera o el registro de las huellas dactilares.
La milanesa debe su origen
a un Restaurant,
y recibe el
nombre de "napolitana", porque
el restaurant se llamaba El Nápoli
y su dueño fue Jorge La Grotta,
procedente de la región de corigliano calabro ,
Italia.
El cliente
llegaba a un restaurante ubicado frente al Luna Park
apenas pasada la medianoche y pedía una milanesa. El
mozo lo atendía –el mismo siempre cumplía la comanda
con la cordialidad acostumbrada, sin hacerle notar que
ya había anticipado la orden a la
cocina con sólo verlo llegar.
La escena se repetía,
allá por los años 50, noche tras noche sin mayores
sobresaltos hasta que un imprevisto modificó la
secuencia y dió un giro sabroso a la historia de la
milanesa.
Cierta
noche el habitual comensal llegó más tarde de lo que
acostumbraba, hizo su pedido y se entretuvo
desmigajando un pancito. Un asistente, mas
voluntarioso que hábil, tomó el lugar del cocinero que
ya había concluído su servicio, con tan mala suerte
que pasó de punto la fritura de la única milanesa
disponible en el restaurante. Medio asustado y con
ánimo de encontrar una solución rápida al asunto,
consultó al dueño
del lugar, quien le
respondió: “No te preocupes lo vamos a arreglar. Tapa
la milanesa con jamón, queso, salsa de tomate y luego
la gratinás.”
Mientras
el asistente ponía esmero en disfrazar la milanesa en
la cocina, don José en el salón, se acercó al cliente
y lo predispuso a probar algo nuevo y especial. En
minutos el mozo llegó a la mesa con la fuente
humeante, que provocó un placer inmediato en el
comensal.
Así en
tanto lo veía devorar su más reciente creación,
Nápoli se sentó en una de las mesas libres con el menú
original, que por entonces se reproducía con gel
en letras azules, y agregó al final de la lista, de
puño y letra el nombre de su creación:
Milanesa a la Nápoli.
Con el
tiempo, y esa habilidad que tiene la lengua para
esculpir nuevas palabras, el plato fue rebautizado
como “ milanesa a la napolitana”, se hizo popular y
todavía hoy sigue presente en la carta de los
bodegones bohemios y no tanto, en los
restaurantes porteños y en los bares que ofrecen
minutas.
Para
Dereck Foster, titular de la cátedra de Alimentos y
Bebidas de la Escuela de Turismo de la
Universidad Del Salvador, que nos brindó la
historia, el nombre desvirtúa el origen del plato, y
sugiere una procedencia equivocada. Las palabras Milán
y Nápoli presentes en el nombre remiten a muchos a
considerar este hito de la cocina porteña como a un
plato de procedencia italiano. Pero la verdad de la
milanesa es otra.
¿ A
quién se le ocurre, además, que Milán y Nápoles
–enemigos declarados en guerra cultural y económica
que divide al norte rico y al sur pobre de
Italia-podrían prescindir de sus diferencias- para
confraternizar en un plato....? Sólo a don José .
A
Don
Jorge La
Grotta,
dueño del restaurante El Nápoli.