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Algo
extraño sucedió después de que se publicaran las
recomendaciones gubernamentales sobre una dieta
saludable diseñada para controlar la hipertensión
arterial en 1999: El porcentaje de estadounidenses
hipertensos que seguían tales recomendaciones
disminuyó, según un estudio reciente.
El hecho de que tan pocas personas hipertensas (apenas
el 22 por ciento en el grupo estudiado) sigan algunas
medidas dietéticas sencillas indica una avería en
algún sitio en el sistema de salud estadounidense,
según afirmó el Dr. Philip Mellen, investigador
principal y profesor asistente de medicina interna de
la Facultad de medicina de la Universidad de Wake
Forest de Winston-Salem, Carolina del Norte.
"No sabemos dónde está la falla", apuntó Mellen. "No
sabemos si los médicos les han dicho que lo hagan o si
éstos creen que no saben lo suficiente para
aconsejarlos. Tenemos pruebas de otras fuentes de que
hay problemas por toda la cadena".
El problema es bastante grave. Si no se controla, la
hipertensión (que es el nombre formal para la presión
arterial elevada) es una importante causa de ataque
cardiaco y accidente cerebrovascular.
El estudio de Mellen, que debía presentarse el domingo
en la reunión anual de la American Society of
Hypertension, se enfocó en personas a quienes se había
informado que tenían hipertensión.
"Presumiblemente, las directrices deberían haber
recetado cambios en sus estilos de vida", apuntó
Mellen. "No lo hicieron. Presumiblemente, eso
significaría que los cambios en la población han
abrumado las recomendaciones de la dieta DASH".
La DASH (por la sigla en inglés de métodos dietéticos
para detener la hipertensión) se enfoca en nueve tipos
de nutrientes, grasa total, grasa saturada, proteína,
colesterol, fibra, calcio, magnesio, potasio y sodio.
Esencialmente, aconseja comer muchas frutas, verduras,
granos y lácteos bajos en grasa. Se consideró que las
personas hipertensas cuyos historiales examinó Mellen
en las dos Encuestas nacionales de evaluación de la
salud y la nutrición seguían la dieta DASH si cumplían
con la mitad de las metas de nutrientes.
Pero el "cumplimento con DASH" general fue cercano al
8 por ciento menor en el grupo de 1999 a 2004 que en
el grupo de 1988 a 1994, encontró Mellen.
Emergieron ciertas tendencias. "Tener una menor edad
significaba un menor cumplimiento con DASH", apuntó.
"Fue menos probable que los estadounidenses de origen
africano cumplieran. El cumplimiento fue más alto
entre individuos con una educación superior a la
secundaria, entre los individuos de mayor edad y entre
los que tenían diabetes".
Otras diferencias sociales parecían tener que ver.
"Hay diferencias significativas en la disponibilidad
de alimentos saludables, dependiendo del lugar en que
se viva", apuntó Mellen.
Mellen también insistió en la relación entre médico y
paciente y cómo era afectada por los métodos de pago
de la atención médica.
"La asesoría dietética no se reembolsa", apuntó
Mellen. "Medicare no reembolsa por asesoría
dietética". Por lo tanto, es más fácil para un médico
escribir una receta para un medicamento
antihipertensivo que pasar tiempo hablando con alguien
sobre unos buenos hábitos dietéticos, señaló.
El Dr. George Bakris, director de la unidad de
trastornos hipertensivos de la Universidad de Chicago,
anotó que la dieta tenía algunas desventajas
prácticas, comenzando por los costos.
"Aunque la dieta es ciertamente nutritiva y ofrece un
equilibrio de todas las frutas y verduras que se
necesitan, si se va al supermercado a hacer la compra,
es más cara de lo que la gente cree", dijo Bakris.
La dieta DASH también conlleva más preparación que la
mayoría de comidas, dijo. "Gran parte de ella tiene
que ser preparada y actualmente la gente está
acostumbrada a las cosas rápidas", señaló Bakris. "En
los estudios originales, la comida era preparada por
los participantes. No es para todo el mundo".
El mensaje final: Lograr que más personas hipertensas
sigan la dieta DASH no será fácil, aseguró Bakris. "Si
uno no lo puede pagar, no se lo come", dijo.
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
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