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La
palabra canelón proviene de la palabra italiana
canelloni, diminutivo de caña. Los canelones
empezaron a consumirse en Italia en el siglo XVI,
donde pronto tuvieron un gran éxito, debido a
las innumerables posibilidades de relleno que
ofrece su elaboración.
(Agustí
Solà). |
Los
canelones tienen mil formas diferentes de prepararse
dependiendo de los ingredientes de la zona donde
estemos y de los productos que utilicemos. Por eso son
tan populares.
Los canelones se empezaron a extender por Europa a
principios del siglo XX con el auge de la hostelería.
Este invento se popularizó rápidamente en todas las
cocinas y muy pronto se empezaron a comercializar en
masa.
La versatilidad del canelón es tal que admite todo
tipo de rellenos. La cocina francesa, como se hizo con
otros platos, dio su toque y su aportación a este
magnífico plato con la incorporación de la salsa
bechamel u otras salsas preferiblemente cremosas, para
facilitar su gratinado y que adquieran ese color
característico.
Aunque con toda seguridad, la bechamel no empezó a
añadirse a los canalones hasta el siglo XVIII, cuando
esta riquísima salsa fue preparada por Louis de
Bechameille.
Y, una curiosidad, ¿sabías que no fue hasta el año
1984 que el Diccionario de la Real Academia Española
aceptó la palabra "canelón" como palabra de pleno
derecho en castellano, con la siguiente definición?:
Pasta de harina de trigo, cortada de forma
rectangular, con la que se envuelve un relleno de
carne, pescado, verduras, etc., añadiendo que
habitualmente se utiliza más la palabra en plural.
Hoy en día, en las tiendas se encuentran una gran
variedad de placas de canelones ya precocinadas y que
basta con ponerlas en remojo. Nosotros enseñamos a
preparar las que están crudas:
• Poner a hervir dos litros de agua por cada caja de
placas
• Añadir un poco de sal
• Poner las placas, una a una, en el agua hirviendo
• Aumentar el fuego para que el agua vuelva a hervir
• Remover ligeramente y dejarlas cocer de 12 a 15
minutos
• Retirar el recipiente del fuego
• Añadir abundante agua fría y dejarlas reposar unos 2
minutos
• Extender con mucho cuidado, las placas sobre un paño
seco, para que se escurran bien
Después sólo falta rellenarlos de lo que más guste.
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