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No, no es
Argentino. Aunque lleva mas de 130 años de honrosa
tradición nacional, el alfajor es un invento de los
Árabes. Pero igual podemos decir que tiene D.N.I.
criollo por adopción. Como alfajoreros no nos gana
nadie.
Para labrar el alfajor prepararás lo que voy a decir:
una azumbre de miel blanca, tres
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medios de
avellanas y una libra de almendra, todo ello tostado y
trozado; onza y media de canela en polvo, dos onzas de
matalauva, cuatro adarmes de clavo y otros cuatro de
cilantro, todo tostado y molido; una libra de ajénjoli
tostado, ocho libras de polvo de moler sacado de
rosquillos de pan sin levadura, muy cocido en el
horno, con media libra de azúcar y cuando etc
etc........... Así reza la primera receta original en
la historia del alfajor, que nació en el mundo árabe,
aunque hay muchos que creen que se trata de otro
invento típicamente criollo
Si vemos lo que dice el Código Alimentario Argentino,
en su artículo 132, debemos entender por alfajor “ al
producto constituido por dos o más galletitas,
galletas o masa horneada, separadas entre sí por
rellenos como mermeladas, jaleas, u otros dulces,
pudiendo tener un baño o cobertura exterior.” Así de
clara es la definición.
Caso curioso del alfajor. Nadie lo llama alfajor, todo
el mundo prefiere llamarlo por su marca. Y hay muchos
que son dignos exponentes, de la amplia producción
alfajorera nacional, existen en nuestro país 150
fabricantes.
Nadie va a venir a contradecirnos si decimos que el
alfajor es argentino por adopción, pese a que no tenga
raíces ancladas en Medio Oriente.
Pero podemos repasar su historia; su antigüedad se
remonta a los orígenes de la cocina árabe, al igual
que otros parientes como el turrón o el almíbar.
El alfajor aprendió a hablar castellano hacia el año
711, cuando se produjo en España la caída de los
visigodos, cuyo ultimo rey Rodrigo, fue derrotado por
los árabes. A partir de entonces, la influencia
arábiga marcó durante siglos el desarrollo de la
cultura española, que entre otras costumbres, adoptó
la pastelería típica ( existe todavía hoy en Medina de
Sidonia, en la provincia de Andalucía , una Agrupación
de Productores de Alfajores que conserva la secreta y
antigua receta original, legada de padres a hijos a
titulo de mayorazgo.
En los siglos posteriores, y con la conquista española
de nuevos puertos, la divulgación de recetas
milenarias tomó rumbo propio.
En muestro país fue desconocido el significado de la
palabra alfajor hasta bien entrado el siglo XIX. El
alfajor era una tradición en la Córdoba española: en
conventos y casas religiosas del siglo XVIII manos
hábiles preparaban, entre otras exquisiteces una
artesanía formada por dos bizcochos cuadrados, unidos
entre sí por dulce de leche, cubiertos por un vidriado
de azúcar llamado tableta.
El pionero de los alfajores en Argentina fue, hacia
1869, don Augusto Chammás (químico francés arribado en
1840), quien inauguró una pequeña industria familiar
dedicada a la confección de dulces y confituras. Fue
idea de este caballero hacer una tableta, que en vez
rectangular, fuera redonda. Así empezó a
comercializarse esta golosina con el nombre de
alfajor; el alfajor lleva ya 130 años de tradición
nacional, para alegría de los niños, y los no tan
niños argentinos.
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