Rodrigo Gómez Lencina

Chef

Durante mucho tiempo sólo entré a la cocina para calentar café . Nunca imaginé que iba a ser el lugar de mi desarrollo y satisfacciones.

Fui descubriendo por casualidad o por los caminos de Dios cuál era mi verdadera vocación en la vida: me lleno de

satisfacciones cada día, cuando me encuentro frente a la Cocina.


De pequeño no me agradaba cocinar, sólo comer. No me gustaba ensuciarme las manos con los productos que hoy me deleitan. Y con los que agasajo a mis amigos y clientes. Amasando un pan o despinando un pescado.

Transcurrieron unos cuantos años antes de descubrir este maravilloso mundo de aromas y sabores, en el cual yo era un comensal más.

Uno crece y sus gustos cambian. Es lógico y parte de la vida. Y mi vida dio un cambio de estudiante de abogacía a Cocinero.


Descubrí un mundo nuevo y a la vez fascinante, en el cual yo nunca había estado, y entré para quedarme y asombrarme como lo hago día a día. Un mundo lleno de perfumes, sabores, de satisfacciones, donde uno tiene que tener dominio del espacio y todos los sentidos alertas en su cocina para desplazarse con comodidad. Dominio del tiempo, rapidez mental para elaborar varios platos a la vez y, lo fundamental , una gran cuota creativa. El Arte de un buen Cocinero es eso : la creatividad. Se puede asemejar a la pintura o escultura en algunos aspectos .

La comida lo es Todo. Entra primero por los ojos, se degusta con las papilas gustativas. Se puede palpar , oler, llega a diferentes centros nerviosos de una sola vez.  La satisfacción para el que cocina es ver como ingredientes puestos en la mesa de trabajo luego de haber pasado por nuestras manos se transforman en una apetitosa y vistosa comida que da satisfacción a los comensales.

Los minutos que nos lleva la presentación de nuestros platos sean dulces o salados, son un medio de comunicarnos con las personas a las que están dirigidos, amigos, familiares o clientes .

Hablemos de las fragancias de las plantas aromáticas que poseemos y cómo uno va siguiendo, paso a paso, día a día, el desarrollo de las mismas; cómo esos olores se van haciendo parte nuestra .

Ver como se desarrolla y podarla con sumo cuidado para no lastimarla, o en esas noches gélidas de invierno salir y poner las mismas a resguardo para que no se dañen, lo mismo con las copiosas lluvias de algunas épocas del año.

Creo que uno de los placeres mas grandes es disfrutar en buena compañía de lo que uno hace, y lo ha hecho con amor. Es un momento que se presta al diálogo, se disfruta de un rico vino , ya sea tinto o blanco y es un momento de armonía. Donde se combinan una multiplicidad de factores, además de los aromas y texturas que hacen que ese Plato sea único.

Alrededor de una mesa pasan todo tipo de acontecimientos, uno le declara su amor a la persona amada, un padre da un consejo a sus hijos, los reta, los felicita; es un lugar de encuentro de amigos, es un ambiente ideal para cerrar un negocio.

También es un lugar adecuado para tomar un descanso y atesorar recuerdos. En uno de mis viajes por la bellísima ciudad de Venecia, luego de una larga tarde de caminata por esa magnifica ciudad, después de haber recorrido gran parte de ella

por sus angostas calles y sus mercados, y la belleza de sus edificios en la Plaza San Marco, antes de retornar al hogar nos sentamos unos minutos en un pequeño café para tomar algo y comer un panino.

Todo es uno en mis recuerdos: el inefable sepia del Canaletto que define la ciudad, el perfume del café, el panino recién horneado y mis lejanos amigos.

O en Chicago una cena en el Hancok Building, el edificio más alto de la ciudad que posee un restaurante en el piso 103. Plasmados están en mi memoria toda la hermosa ciudad el movimiento de miles de pequeños hilos de luz, el esmerado servicio, la fina vajilla y la comida perfecta que sirvieron, perfumada, colorida, estéticamente incomparable con el sabor de combinaciones estratégicas.

Cómo resistir el recuerdo de Atenas que se impone en mi memoria mientras escribo. Ahí está el Partenón enfrente y arriba, intensamente iluminado contrastando con una muy saborizada comida regional con la que agasajan los griegos de hoy. Imposible resistir el pensamiento del contraste del tiempo..... ¿Qué y cómo comerían los constructores de tal monumento en su pleno esplendor?.....

Todo lo disfrutado y vivido y comido que llevaré conmigo para siempre. Gratos momentos que embellecen mi vida cada vez que pasan cerca de mí. Cuando los visualizo estoy alrededor de una mesa comiendo, en un lugar de categoría como los mencionados o en la casa de un amigo o en la mía donde se fue desgranando mi historia y la de mi familia ..

Y un lugar especial para las tardes con mí tío en el barco compartiendo una argentinísima picada. Sus charlas, anécdotas, el buen humor que lo caracterizaba conmigo, su sabiduría y todo lo que lo convirtió en mi personaje inolvidable. Lo último que compartimos fue comida también: champagne extra brut, el jamón crudo que amaba y panecillos crocantes. Todo lo que tenía prohibido pero que era adecuado para lo que, ambos sabíamos, era nuestra despedida en el living de su casa....hasta que volvamos a encontrarnos. La comida también acompaña las despedidas temporarias.....

La comida ocupa un lugar significativo en mi vida.....en las más diversas circunstancias.

                                                                                                                                                    Rodrigo

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